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Hitler ganó la guerra

El racismo persigue a esta sociedad hasta debajo de la cama. Todos recuerdan la cobertura mediática del caso de Justina Lo Cane, la niña que falleció en la Fundación Favaloro porque no encontraron donante de corazón para ella; no hubo medio que no dedicara hasta horas a lo que le sucedió. Pero Fernando Almeida, el niño correntino que murió en el Garrahan, y a quien el Incucai le negó el trasplante por considerarlo insalvable, quedó repicando sólo en la memoria de su madre.

Todas las vidas valen por igual; seas rico o pobre, flaco o gordo, rubio, morocho o pelirrojo, humano, gato o perro: tenés derecho a vivir. Que dos niños mueran ya sea por falta de un trasplante o de hambre es una brutalidad por donde se la mire. Pero que los medios se hagan eco por cada rincón de sus pasillos ante la muerte de una bella niña rubia y se desentiendan de la de un niño del interior, ambos por la misma causa y con escasos 36 días de diferencia, es un reflejo claro de que las agendas periodísticas present…

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