El periodista de Malvinas

Nicolás Kasanzew vivió cara a cara con el peligro. El periodista tuvo en sus manos, junto al camarógrafo Alfredo Lamela, la cobertura del conflicto bélico que marcó una herida en el alma del pueblo argentino. Descendiente de militares rusos, supo enfrentar el miedo con una valentía única viviendo entre kelpers portando una campera trofeo obtenida por los soldados argentinos de un soldado inglés hasta saliendo de las trincheras bajo el fuego enemigo para obtener una nota. Luego de 30 años en una “lista negra”, a la que todavía pertenece, sueña con volver a Argentina, su país, aún luego de haber sido repudiado por militares y gobiernos democráticos. Una gran parte de Malvinas que pocos conocen, él la vivió en carne propia.


-¿Por qué se sabe tan poco acerca de la guerra de Malvinas?
-Por orden de [Cristino] Nicolaides, Malvinas no existió. A mí me rescindieron el contrato con ATC porque yo era recordatorio de la guerra y a los soldados los escondieron y mandaron de noche a sus casas, algo realmente vergonzoso.
-¿Qué le hace falta comprender y conocer a la sociedad argentina para que se cambie la visión acerca de Malvinas y de la gente que participó de la guerra?
-La sociedad necesita que se acabe esta censura de posguerra que me parece peor que la de guerra, porque en este caso está prohibido hablar de los héroes, de los hechos destacados que protagonizaron tantos combatientes.
Cuando estuve en el programa de Fantino, él me invitó por quince minutos, ¿sabés por qué me quedé dos horas? Porque reventaban los teléfonos y el twitter diciendo que querían más historias de héroes. La gente está harta de que le vendan sólo un costado e intuye que no pudo haber sido sólo eso, pero no lo saben por esta férrea censura que hay de contar solamente las miserias.
-¿Por qué hay tanto rechazo con Malvinas entonces?
-No se quiere reivindicar Malvinas para no admitir que las Fuerzas Armadas son necesarias e independientes de cualquier hecho aberrante que hubieran podido cometer algunos de sus miembros.
-Para que se pueda comprender tu punto de vista y tu rol durante la guerra, ¿cómo te viste involucrado en la cobertura del conflicto?
-Yo había sido recontratado por el productor ejecutivo del programa 60 Minutos y tenía que ir a grabar la promoción de mi reingreso al noticiero. El 2 de abril me despierta a la mañana Victor Sueiro y me dice que íbamos a recuperar las Malvinas. Fui amargadísimo al canal porque supuse que me lo había perdido. Cuando le pregunto al productor a quién envió, él me dice que no mandó a nadie y le dije que me mandara a mí. Ahí me di cuenta que ya lo tenían todo fríamente calculado, por eso me habían recontratado.
-Entonces, ¿tuviste relación con el gobierno militar?
-A mí me mandó el productor ejecutivo que era un civil, nada que ver con el gobierno militar, no tuve contacto alguno con ellos.
-¿Qué sentiste al tocar por primera vez suelo malvinense y qué significó para vos estar en la recuperación de las islas como momento histórico?
-Fue una emoción muy fuerte y al mismo tiempo una sensación de irrealidad. Yo no podía creer lo que estaba pasando. Esto que las maestras de primer grado nos enseñaban que las Malvinas eran argentinas y parecía una cosa utópica, de repente se había convertido en realidad. Era muy difícil de creer.
-¿Qué historia que hayas vivido puede reflejar lo vivido en Malvinas y su trasfondo más íntimo?
-Se produce el ataque a una de las torres de control de Primero de Mayo y el general Dovichi sale despedido por la ventana por la onda expansiva de la bomba, quebrándose la espalda cuando cae. Recogen a todos los heridos para llevarlos al hospital y como él era un tipo corpulento difícil de llevar, se lo olvidan. El “Moncho” Ortiz, un cabo enfermero, se acerca y le dice: “tranquilo que este bombardeo lo pasamos juntos”; la primera tanda de bombardeo de los Harriers no les pega, pero viene una segunda tanda y en una reacción contra natura, se arroja sobre este oficial y lo cubre con su cuerpo. Afortunadamente no los dañan y Dovichi, cubierto de lágrimas, le pregunta por qué lo hizo, a lo que Ortiz le responde que se preocupe por curarse. Nadie conoce el nombre de este soldado, y es un héroe porque no hay nada más importante que dar la vida por tus hermanos. Para mí, Malvinas es una concatenación de hechos de amor que nadie conoce ni quiere conocer.
-¿Mantenés relación con los excombatientes?
-Sigo en contacto con los excombatientes de Malvinas porque sigo aprendiendo de ellos y recogiendo datos. Se generó una relación fraternal con ellos porque nada hermana tanto como el peligro, nos sigue conectando aunque hayan pasado 30 años.
-Haber cubierto Malvinas te costó la carrera y ser prácticamente expulsado del país, ¿deseás volver a Argentina?
-Me muero de ganas de volver, si a mí mañana me ofrecen un trabajo, vuelvo mañana. Un hombre puede vivir sin cualquier cosa menos un trabajo, y en mi país no lo tengo. Cuando entrás en una lista negra no sólo el gobierno te prohíbe sino también los medios privados que no quieren tener problemas con ellos porque reciben publicidad oficial. No pierdo las esperanzas de trabajar, vivir y morir en mi país. Yo ya le pedí a mi mujer que si muero en el exterior, mis huesos los entierren en Argentina.



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