Esquinas convulsivas


Las esquinas de la calle Bolívar entre la Catedral Metropolitana y Avenida de Mayo se convirtieron en el paso obligado de los miles de manifestantes del 8N provenientes del Obelisco dado el fuerte cerco que la Policía Federal Argentina junto a Gendarmería montaron alrededor de la Casa Rosada. Las aristas que rodean la Plaza de la República quedaron atestadas al ser el centro de reunión.
Sin lugar a dudas, la movilización del 8 de noviembre fue la mayor protesta de los argentinos durante el mandato de casi 10 años del kirchnerismo. Las oleadas de gente fueron constantes durante un lapso de casi tres horas a partir de las 20.
Aunque se esperaba que la manifestación llegase a la casa de gobierno, no fue posible ya que el perímetro alrededor de la Casa Rosada estaba vallado y custodiado por policías y gendarmes que desviaban a los peatones. Desde Alem e Yrigoyen los oficiales respondían: “Pueden ingresar por Defensa”, calle que desemboca en la parte media de Plaza de Mayo y significaba cuatro cuadras de caminata.
La decisión de impedir el acceso a la totalidad de la plaza generó que los movilizados por el 8N debieran tomar posesión de las esquinas de Bolívar entre las avenidas Roque Saenz Peña y de Mayo, donde pudo apreciarse el constante desfile de personas que ingresaban desde diagonal norte portando banderas argentinas de todos los tamaños, pancartas y carteles sin olvidar las cacerolas e inclusive cornetas para hacer “oir” su reclamo. También pasó por allí una inmensa enseña patria con sus colores celeste y blanco de varios metros que cubría a los manifestantes a punto tal que los que estaban en su camino debían correrse o quedar totalmente envueltos por ellos y la bandera.
Las tres plataformas de caños de metal y una plancha de madera sólida montadas sobre el lateral oeste de Plaza de Mayo, una en cada esquina de Bolívar sobre el costado derecho del Cabildo y otra a mitad de cuadra hacia la Catedral, no sólo contaban cada una con su cámara de televisión sino que también se vieron atestadas de fotógrafos y manifestantes ávidos de retratar la acción constante que se desarrollaba en las aristas de la plaza. Se podía observar desde padres con sus hijos pequeños hasta ancianos que arriesgadamente se subían a fin de fotografiar y filmar todo el movimiento con sus teléfonos celulares. Por cada una de las plataformas podía contarse fácilmente ocho personas en un espacio acotado e inclusive peligroso, pero los interesados estaban más allá de eso.
En el caso de Florida y Saenz Peña, los curiosos hallaron un lugar perfecto para tomar una posición elevada y poder ver que ocurría. La boca del subte D sirvió para que varias personas se pararan sobre sus barandas y, agarradas del cartel que indica el mapa de subterráneos, visualizaran para un lado y otro de la avenida el colorido ir y venir de carteles y banderas. Aproximadamente a las 21 desde allí comenzó a divisarse una gran pancarta en dirección a la plaza con un mensaje simple pero eficaz que caracterizaba gran parte de los reclamos de la gente: “Paz”.
Un lugar insólito utilizado para poder retratar la movilización se pudo ver en la esquina de Avenida de Mayo y Chacabuco: una fotógrafa, ayudada por su compañero y complicada por su vestido de verano, optó por subirse a la tapa firme que cubre uno de los tachos de basura mientras sostenía con sus dientes la correa de la cámara, no sin antes tratar de usar de escalón el cesto móvil, lo que provocó que el joven tenga que atraparla casi en el aire para evitar una eventual visita al hospital. Allí también pudo verse a un muchacho al que todos frenaban para sacarle fotos por el cartel que portaba en su espalda que decía “a mí no me pagaron por venir”.
Más allá del reclamo de paz y que la manifestación se realizaba en absoluta calma, sin disturbios ni destrozos, un infortunado suceso casi logra manchar el reclamo. En la arista de Yrigoyen y Bolívar el cronista del canal de noticias C5N, Néstor Dib, fue agredido por un manifestante, al que identificaron como Nicolás Ayuso, con un golpe seco en su rostro desde atrás mientras se encontraba transmitiendo en vivo.
Una de las esquinas más coloridas durante el reclamo fue la que se encuentra en diagonal a la Catedral Metropolitana, más allá de que todas las aristas entre Rivadavia, Saenz Peña y Bolívar eran ocupadas por el mismo grupo de personas. Aunque las pancartas desfilaban de un lado a otro, hubo dos que quedaron fijas en esas bocacalles. Las leyendas “Barrick se escribe con K”, en alusión a la minera multinacional, y “con 6P no me hago alto guiso” adornaron durante casi dos horas el lugar. Allí también comenzaron a alzarse las voces al canto de “que se vayan todos, que no quede ni uno solo” sumado luego a la entonación de las últimas del himno argentino, el cual luego fue cantado completo cuando uno de los automóviles con altavoces que pasaba por el Cabildo instó a que todos cantaran. Asimismo, el cántico “si esto no es el pueblo, el pueblo donde está” fue originado desde esta esquina diseminándose hacia todos lados.
Con el correr de las horas, los alrededores del Obelisco fueron vaciándose de a poco, pero los globos con leyendas decidieron hacer una parada allí. Los manifestantes que llevaban los esféricos celestes y blancos con frases como “si a la democracia, no a la re-reelección”, “prensa libre”, “unidos en libertad” y “constitución soberana” ocuparon la calle de la esquina de Carlos Pellegrini y Corrientes a partir de las 22, haciendo completamente visible de todos los puntos los reclamos que flotaban en el aire.
Otro acontecimiento lamentable que no faltó fue un robo ocurrido en Saenz Peña y Sarmiento. Originó corridas de los delincuentes, un oficial y los damnificados sumado a que el patrullero que se dirigía hacia allí casi choca con un auto que venía a su izquierda al realizar una maniobra para tratar de cortarle el paso a uno de los ladrones, el cual escapó en dirección a la Avenida Corrientes.
Más allá de que la gente transitó por las calles en su reclamo, también convulsionaron las esquinas del microcentro porteño dándole color a cada una de ellas.

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